viernes, 11 de marzo de 2011

Ayer durante la selección para el cursillo del INEM había que rellenar un cuestionario con datos y esas cosas. Había que hacerlo con boli y a mano, claro. Pues me he traumao con mi propia letra.

Siempre he tenido una caligrafía espantosa, al punto que en estos casos de rellenar papeles, suelo escribir siempre en mayúsculas porque no entiendo ni yo lo que escribo. Tengo una letra fea, desordenada, irregular y muy caótica. No la soporto. Necesito cuadrícula para escribir medianamente legible. No sé escribir sobre un folio en blanco o sobre líneas. Necesito límites en una hoja para encajar mi letra y seguir una línea recta. Además tengo como dos tipos de escritura. La fina y la redonda. Creo que mi tendencia son las letras finas y alargadas, lo vertical, pero por momentos la redondeo, no del todo, pero si escribo algo largo, se van alternando los dos tipos en la hoja. Un puto caos.

En la vida cotidiana no tengo la necesidad de escribir nada a mano y es como si hubiera perdido la práctica de hacerlo. Cubrir el cuestionario se me hizo extraño y ajeno. Empuño el boligrafo con mucha fuerza, como si fuera un ser vivo y se fuera a escapar. Calco mucho, por tanto, nada que escribo la mano se me queda cansada y tensa. Ayer me desesperé. Mi letra, aparte de fea, parecía la de una analfabeta. Me dió verguenza, y mira que me esforcé en dominar los trazos, pero nada. Es como si hubiera un cable roto entre mi cerebro y mi mano. Y sobre todo me quedó una sensación de falta de práctica. No es que se me haya olvidado escribir, es que escribir algo más o menos largo, se me hace rarísimo. No sé, es una sensación muy kinestésica. Se me incomoda el cuerpo entero. Esto ha hecho que me acuerde de mi abuelo.

Mi abuelo aprendió a leer, escribir y las cuentas básicas con mucho esfuerzo. Siendo niño tenía que trabajar y no había tiempo para ir a la escuela. A mi abuelo, lo mismo que a mi madre y a estas generaciones donde el acceso a la educación no era para todos, les ha quedado una especie de complejo o sensación de carencia. Por esa razón, mi abuelo, y también cuando siendo viejo sentía que iba perdiendo agilidad mental, dedicaba unos minutos del día a escribir. Para no olvidar ni perder la práctica. De hecho, yo llevo conmigo a todas partes, una de esas notas donde practicaba la escritura. Escribía refranes, fragmentos de canciones, trozos de conversaciones que oía en la tele o cualquier cosa que hubiera leído en una revista. Eran párrafos cortos. Recuerdo verle escribir con total concentración, con esa letra tan típica de la caligrafía de antes, esforzándose en que los trazos fueran lo más precisos posibles. Voy a empezar a hacer yo lo mismo. A prácticar la escritura sobre papel.

2 comentarios:

**CHIBI-STAR** dijo...

Mi letra antes era muy linda, pero ahora es horrible también!!

Pero creo que es que realmente no la usamos ya. De no ser porque doy clases y tengo que escribir en el pizarrón, seguro que no podría ni escribir mi nombre... pero... QUÉ BUENA SOY TECLEANDO EN LA COMPU!!

JAA NE

CHIBI-STAR**

Anónimo dijo...

Jijijijiji, a mí me pasa igual tecleando. Escribir sobre pizarra se me daba fatal. Ahí si que no controlo nada y escribo en letras gigantes.

Sk