domingo, 3 de junio de 2012


Con esto del Feisbuc me he topao con la familia materna, useasé, la hermana de mi madre y sus hijos, que fueron parte fundamental de la mitad de mi vida. En especial mi primo X. Estábamos muy unidos. Como hermanos. Casi diria que hermanos gemelos. Tras el gran cisma familiar hemos perdido el contacto prácticamente y tras morir los abuelos ya no tenemos excusas para coincidir. En el Feisbuc mi prima tiene a mis hermanas añadidas a su cuenta y aproveché para fisgar, of course. Uno de sus contactos es I, quien tuvo mucho que ver con mi decisión de romper relación con esta parte de la familia. Claro que no fue el motivo principal pero sí el detonante. 

La verdad sea dicha, me da una pereza del copón todo este tema y eso me sorprende. Repasar lo que sucedió me supone un esfuerzo tremendo. Apenas recuerdo nada. Solo me queda la sensación general. Igual es porque han pasado, ni más ni menos, que veinte años. Pero no deja de extrañarme que me resulte tan ajeno y tan lejano un hecho que me cambió la vida. Porque esa certeza si la tengo clara. Hay un antes y un después de ese verano. No he vuelto a ser la misma. Tampoco sabría definir en que consiste eso. Y a pesar de que esto se supone que fue algo super-mega-trascendental en mi existencia, no lo siento para nada como una vivencia épica y remarcable.  Pasó y pasó.

No sé, es raro. Es como si le hubiera pasado a otra. Siento bastante indiferencia hacía todos los protagonistas de esta historia. No les echo de menos a ninguno. Ni siquiera a X. Tampoco me arrepiento de mi decisión. Dentro de lo difícil que fue aquello, desde el primer momento, tuve el instinto de no dar marcha atrás bajo ningún concepto. Cuando se cruza la línea, se cruza. Y se dan dos pasos más hacía delante para que no quepa duda de hacía donde te has movido.

En cuanto a I, podría contar tantas cosas,  pero estamos en lo mismo, me despierta una pereza brutal. A la que soy le hace mucha gracia la ingenuidad de la que fui. La visión que tengo ahora de aquella amistad me despierta hasta ternura. I era unos seis u ocho años mayor que yo. Cuando yo era una niña ella era una adolescente que jugaba conmigo. Era tan guapa, tan simpática, tan fuerte e independiente, que se convirtió en mi ídolo y cuando yo crecí un poco más,  pasamos a ser las mejores amigas del mundo mundial.

Y a pesar de la pereza, de la falta de memoría, de la frialdad que siento hacía todo y todos, debo reconocer que todavía existe rencor, pero claro, decir esto parece una incoherencia. Será porque nací en noviembre y va en el paquete.  Nunca he entendido muy bien la reacción de la gente hacía el rencor. Casi nadie se reconoce rencoroso. Nadie quiere etiquetarse con ese adjetivo (es un adjetivo, no?). Está mal visto. Como si fuera cosa de ser mala persona. A mí el rencor me parece un sentimiento tan natural como cualquier otro y lo chungo, como en todo, es cuando deja de ser pasajero y se convierte en algo permanente.  Hay gente que perdona y no olvida. Me parece lógico. Hasta cierto punto es fácil pasar página. Lo jodido es recuperar la imagen y la confianza que existían antes. Hay veces que pasan cosas que lo cambian todo y me parece muy oligofrénico y muy falso negar esa evidencia.

Yo ni perdono ni olvido. ¿Qué es perdonar? Determinadas situaciones son demasiado graves como para que tenga lugar el perdón o la disculpa. ¿De qué sirve el arrepentimiento, reconocimiento, lamento o lo que sea que busca quien pide perdón? A mí de nada. Hubiera preferido más que toda esa reflexión hubiera sido prevía y ahorrarme el disgusto posterior, la verdad. Por eso nunca he deseado su perdón ni he necesitado las disculpas de todos los implicados en esta historia. Se rompió todo y punto. Ya no somos los que éramos y no hay necesidad de aparentar lo contrario.  Y olvidar me parece algo así como una falta de respeto hacía mi misma, hacía mi postura y la diferencia que marqué. Lo mío me costó. Por eso no les deseo ni mal ni bien. Me da igual lo que hagan con sus vidas porque no tienen espacio en la mía. Sinceramente, como soy un escarabajo asesino, si que les deseo una cosa. Se la deseo en especial a mi prima, mi tía y a I. Ojalá que la vida les obligue a interpretar el papel que me tocó a mí aquel verano. Que pasen por lo mismo que pasé yo. A poder ser el doble de jodido.

2 comentarios:

Eilonwy dijo...

El arrepentirse, reconocer y pedir perdón está sobrevalorado en este planeta. La peña no entiende que as palabras son solo palabras y se las lleva el viento. Los hechos sí que permanecen, y todo lo demás son excusas para algo que se podría haber evitado, y NO hubo interés alguno en evitar.

Yo coincido plemanente en tu opinión. No me considero una persona rencorosa, pero sí tengo una fantástica memoria, y como bien dices, no hay persona rencorosa, sino persona con una infabible memoria que no se falta al respeto a sí misma.

Que austeriano el post!

**CHIBI-STAR** dijo...

La familia apesta!! Yo pienso que deberían de preguntarnos con quién mandarnos.

Mi familia (las 4 personas que convivimos bajo el mismo techo) casi casi que rompimos relación con todos. Para mí es rara una familia que se lleva super con todos jaja.

Y estoy de acuerdo contigo en lo del rencor. Todos somos rencorosos y egoístas en alguna escala y no aceptarlo es lo peor.

UN ABRAZO!!