martes, 10 de junio de 2014

Recapitulación


Miércoles

Mi padre entró en sedación profunda ese día. Esa noche la había pasado con él y no me tocaba volver por el hospital hasta el día siguiente. En este último ingreso, y rumiándose que era el final, mi padre había manifestado su miedo a cerrar los ojos y no volver a despertar. Quería compañía constante y establecimos turnos para que no estuviera solo en ningún momento. Era mi primera noche junto a él y se puede decir que fue más o menos tranquila. La noche era el momento delicado para mi padre. Era claustrofóbico, la oscuridad y el silencio le ponían muy nervioso, y los días de atrás había tenido algún episodio de ansiedad por la madrugada. Lo qué es la mente humana. Con todas las drogas que tenía mi padre en el cuerpo y lo que costaba tumbarlo. El fin de semana aún estuvo algo espabilado. Dicharachero, charlatán e hipersociable, como buen Géminis, bromeando con enfermeras, auxiliares y cualquier cosa con orejas para escuchar. Físicamente se notaba que hacía un esfuerzo pero también que no lo podía evitar.  Mi padre era un ser muy social y muy gracioso. Sí algo le definía era su sentido del humor. Peculiar, ingenioso y muy absurdo. 

Poco a poco las drogas le fueron nublando la mente. A ratos no tenía consciencia de donde estaba y mezclaba sueños con realidad. La madrugada que me quedé con él durmió como un tronco hasta las cuatro de la mañana. Dejó de hacerle efecto lo que fuera que le habían dado para dormir y empezó a mover los brazos. Quería quitarse el collarín que llevaba puesto. No se daba cuenta que ya se lo habían retirado por la tarde. Sentía un hormigueo constante, real o imaginario, en la mano derecha y no paraba de mover ese brazo. Ocho mil veces me pidió ayuda para levantarse, ocho mil veces que le dije que no podía. Me hizo de reír varias veces con sus delirios. Pasaron las horas y llegó el desayuno. Se lo tomó todo y parecía ya más lúcido. También más ansioso.  Cuando terminó se quedó dormido y llegó alguien para relevarme. Quise despedirme pero no lo hice para no despertarle. 

En algún momento llegué a mi casa y me eché a dormir. No sé qué hora era cuando mi madre se sentó en mi cama y me dijo que ya habían sedado definitivamente a mi padre. No le di la más mínima importancia a la noticia y continué durmiendo. Mi madre seguro que pensó que soy una cruz de hija y que jamás entenderá mi forma de reaccionar (o de no reaccionar) ante la vida. Yo solo puedo decir que tenía sueño y la noticia no me pareció una novedad. 

Como mi madre y mis hermanas son unas aprensivas de la hostia, se decidió que los turnos fueran de dos en dos, al menos por la noche. Les daba miedo que se muriera y estuviera una de ellas sola. Mis hermanas han visto demasiadas película de terror. Lo de mi madre va más por el tema de la superstición. A mi es que me gustan los hospitales y la quietud de sus pasillos a la noche. Así que tuve que volver a la tarde con mi hermana T para que mi madre y la otra gemela descansaran para la noche.  Y ya no recuerdo nada del resto de ese día. 




3 comentarios:

Anónimo dijo...

"Yo no quiero elogiarte como acostumbran los arrepentidos, porque te quise a tu hora, en el lugar preciso, y harto sé lo que fuiste, tan corriente, tan simple, pero me he puesto a llorar como una niña porque te moriste..."
Jaime Sabines
(No Atrocity)

Anónimo dijo...


Tuché, Atroz.

Sk

Kco dijo...

(l)