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miércoles, 23 de abril de 2014


La mente puede ser nuestro mayor aliado o nuestro peor enemigo. La fragilidad emocional de mi padre no está ayudando nada. Tiró la toalla hace muchos años. La morfina, los analgésicos, los ansiolíticos y demás mierdas que toma para calmar toda esa maraña mental y física que sufre,  tampoco le aportan mucha claridad mental.  

En su última estancia en el hospital sufrió dos ataques de ansiedad. Mi padre es un Géminis de libro. Inquieto física y mentalmente que lleva años tratándose de ansiedad. Tiene diagnosticada claustrofobia, terrores nocturnos e hipocondría, entre otras cosas. Ahora, por culpa de la metástasis de la cadera, apenas camina y necesita una silla de ruedas. Lo peor que le podía pasar a un hiperactivo como él. 

Por la angustia de estar enfermo y su hipocondria, se queja de todo y vive en un estado de hipervigilancia de sí mismo. No distingue entre un dolor y otro. No tolera ningún tipo de molestia. En su estado es bastante importante explicar y concretar el tipo de dolor que siente para que así el médico prescriba  la medicación más adecuada. La cosa es un poco ensayo y error, porque no todos reaccionamos igual ante el dolor y hay que probar hasta dar con lo que a uno le funciona. Y como para él todos los dolores son iguales, y le encantan las pastillas, así está, dopado hasta la médula y durmiendo todo el día. La cosa es que lo poco que está despierto, no está del todo lúcido. A veces se despierta y mezcla la realidad con algo que estaba soñando. Hace un rato me ha dicho que estábamos hablando de algo y que no lo recuerda. Hace un rato estaba durmiendo como un tronco y no hablamos de nada. Otras veces, la mayoría, se despierta desorientado y eso le pone ansioso. Como si justo recordase que tiene algo que hacer y no supiera qué. Entonces empieza pedir, mandar y a tratar de "solucionar" cosas.  De toda la vida del señor, en esta casa nos echamos a temblar cuando mi padre se pone a buscar soluciones. Para arreglar una cosa, jode cinco. Siempre ha sido así. Mi padre es el Rey de las Ideas Peregrinas. Medicado está alcanzando niveles estratosféricos de absurdo. Y en su línea geminiana... lo que ahora es negro dentro de un rato es blanco. 

Que nos mareé a nosotras en casa, bueno, pues es lo habitual. Pero cuando empieza a descolgar el teléfono y a llamar para volver locas a mis hermanas o a un amigo para pedir un favor innecesario. O solicita información al organismo oficial equivocado y él se empeña en que le ayuden igual. Con su voz pastosa de colocón, perdiendo el hilo de lo que dice, explicándose como un libro cerrao,  a mí y a mi madre nos pone muy, pero que muy nerviosas. Y claro, llega un momento que hay que pararle los pies y tener una bonita bronca. 

Por supuesto que no tolera ninguna crítica. Está absolutamente convencido que lo que hace está bien. Y no es por la medicación, ya era así antes. Como yo tengo más paciencia y tengo más tacto que mi madre, soy quien intenta hacerle entrar en razón y arremete contra mí. Me insulta, me ningunea, me desprecia. Vamos, lo normal entre él y yo. Antes de estar enfermo su frase para zanjarlo todo era "lo que yo digo es la ley porque soy tu padre". Como es mi padre lo sabe todo y es infalible. Ahora toca:  "lo que yo digo es ley porque estoy enfermo, necesito tranquilidad y no se me puede llevar la contraria". Lo dice tal cual lo he escrito. Literal.  

No es nada agradable gritarle a un moribundo. Nadie se siente bien después. Soy consciente de la ansiedad que le genera discutir y que eso repercute en todo lo demás. En el fondo mi padre es como un niño pequeño que aún no ha terminado de entender porque este mundo es tan hostil con él. Me da mucha pena, pero no. O igual no me da la pena suficiente y soy un ser malvado y sin compasión, pero no pienso someterme a la dictadura de un enfermo. Bastante tiranía es de por sí la enfermedad. 



martes, 8 de abril de 2014


Lo peor de todo esto no es saber que hay un fin más o menos cercano. Es el puto proceso. Mantener el tipo frente a un enfermo que se hace ilusiones. También es duro cuando la enfermedad se impone, el cuerpo cede y las esperanzas se estrellan. Tú sabes que eso es lo que hay pero el afectado no quiere reconocerlo.  Es muy duro ver a otro derrumbarse física y emocionalmente por la impotencia de sentir que el propio cuerpo le traiciona y no responde.

Espero que si algún día me pasa algo, sea  fatal y fulminante. Tipo infarto o ictus. Algo que se presente sin avisar y me destruya en minutos. Se me hace insoportable imaginarme ingresada en un hospital y ser tan vulnerable.

Argentos y mexicano, algún día seré rica y me daré una vuelta por ahí y os invitaré a birras o lo que sea que os apetezca. Gracias por vuestros ánimos y abrazos. 


martes, 18 de marzo de 2014


Seria largo de contar y no me apetece, así que resumiendo la cosa, mi padre tiene un cáncer de pulmón en fase IV. Eso significa que el cáncer no es curable debido a lo extendido que se encuentra. Las estadísticas dan un año de vida en estos casos. La radio y la quimio sirven para paliar el dolor y ganar días. Eso que llaman calidad de vida. 

Sabíamos que existía metástasis confirmada en dos sitios: la corteza cerebral y las glándulas suprarrenales. Otra posible en una costilla. En ningún momento nos dieron falsas esperanzas pero tampoco han sido claros. "Nunca se sabe cuando una persona va a morir". Ese es el mantra.  A las dos semanas de su primera sesión de quimio, comenzó a quejarse de un dolor en una cadera y pilló una neumonía. Tuvo que ser ingresado en el hospital y el oncólogo que le trató se interesaba mucho por ese dolor en la cadera. Comenzaron a darle parches de morfina, cosa que nos sorprendió, porque las noticias que teníamos, o que entendimos,  es que era el pulmón lo peligroso. Cuando hablamos con el oncólogo de planta fue muy arcano. El dolor en la cadera era síntoma de metástasis en el hueso, necesitaba una prueba específica que detecta ese tipo de tumor y había ordenado que se hiciera. Del resultado y resto de incógnitas debía encargarse de responderlas el oncólogo que trata a mi padre. Nos vino a decir que realmente no sabía como sería el futuro. Que sin ser un futuro muy largo, un día podía pillar otra neumonía e irse para el otro barrio "antes de tiempo". Que lo mejor era seguir con nuestras vidas con naturalidad. La neumonía se curó y a mi padre le dieron el alta. Nos llamaron al día siguiente de Radioterapia para darnos cita. Flipamos un poco. No esperábamos esa consulta porque aún no hemos hablado con su oncólogo, que es quien decide el tratamiento a seguir de mi padre y toca visita el próximo lunes. 

Hoy hemos hablado con el radiologo o como coño se llame el tío que se encarga de esto. El tipo estaba tan perplejo como yo. El tumor del pulmón es muy pequeño, pero matón. Es un tipo de cáncer muy agresivo, que se extiende con rapidez y la zona cerebral  parece ser que es la que más le gusta. Tenía los resultados de la prueba que hicieron la semana pasada cuando mi padre estaba con la neumonía. Se confirma la de la cadera y la costilla. En total son cinco las partes afectadas. Dos de ellas en dos huesos de la cabeza y una en el mismo cerebro. El médico me dice que la quimioterapía no llega a esa zona, lo más lógico sería haber iniciado un tratamiento de radio en la cabeza, cosa que no se hizo porque no le habían hecho la famosa prueba. Y esta puta información lo cambia todo. Contábamos con un año de vida. Sabemos que las cifras no pueden ser exactas y que existe la posibilidad de que surja cualquier complicación que acelere o reste tiempo. Pero una cosa es eso y otra muy distinta fue escuchar hoy, "nunca se sabe blablabla.... entre tres y seis meses de vida, con radiación se puede lograr un poco más".  Salí de la consulta del radiólogo con la cara pa' trás. 

Mi hermana se casa en junio. Se siguió adelante con la boda porque nadie nos dijo que el fin sería tan inminente.  Mi padre de este tema no quiere saber nada, se hace el tonto y no quiere conocer detalles. A mi madre no puedo contarle todo porque cuando está preocupada se vuelve insoportablemente gilipollas. Solo le he dicho que en la cadera tiene una metástasis nueva. A mis hermanas si que les conté, y para mi sorpresa, no las ha pillado desprevenidas. Amigos y conocidos le han dicho que teniendo algo en la cabeza o el hueso la cosa es fulminante. Eso también lo sé yo, pero es que resulta que llevo hablando con cuatro médicos. Un neurólogo, un neumólogo y dos oncólogos. Ninguno de ellos fue optimista pero han sido muy poco claros. Del neurólogo y el neumólogo lo entiendo, a fin de cuentas no es su especialidad. Lo que no entiendo es la decisión del oncologo oficial de mi padre, que fue quien decidió no hacer más pruebas por considerar que no merecía la pena y que solo retrasaban un tratamiento que debía comenzar lo antes posible. Pero fue él quien me habló de un año de vida y fue su decisión descartar como prioridad la radioterapia en la cabeza,  porque mi padre había respondido muy bien al tratamiento con cortisona y parecía que ese tema estaba "controlado" por el momento. En cambio la quimio que no pasa por el sistema nervioso, con su bajada de defensas le ha provocado una neumonía, y los tumores más jodidos campan a sus anchas en el cerebro de mi padre.  Espero una buena explicación el lunes. 

Y sobre todo me jode lo mal que he encajado el golpe. Se me ha notado. Mis mandíbulas están tiesas como el acero. La espalda lo mismo. No pienso más que en dormir. A pesar de que llevo todo el día muy callada, he terminado discutiendo una vez con mi padre y otra con mi madre. Les he contestado mal dos veces sin venir a cuento. Parece que la tensión también me vuelve insoportablemente gilipollas. Pa' que luego diga mi madre que nos parecemos en nada.