Mi hermana se fue el día que pone título a esta entrada. Lo que más temía era esa última noche en casa y al momento en que saliera por la puerta. No me gustan las escenas emocionales. Huyo de ellas como de la peste. Si soy parte directamente implicada trato con toda mi fuerza de guardar la compostura. No me gusta que me arrastren, y mucho menos me gusta, ser la que protagonice un momento emo. Y punto.
A T se la ha puesto un gesto nuevo en la cara. Sus ojos están un pelín caídos pero no ha dicho nada ni se ha quejado. La noche de la víspera S estuvo nerviosa, ansiosa, cosa normal ante los últimos preparativos para el viaje. Le pedí que me liara un porro. Yo me paso la vida pidiendo y mandando cosas a mis hermanas. No me hacen ni puto caso, pero bueno, yo insisto por si en una de esas las pillo con humor y me hacen, por ejemplo, un masaje en los pies. S vino a mi habitación, se lió el porro y le echó unas caladas. Me hubiera gustado que se quedase un rato más, pero estaba demasiado nerviosa y pendiente de mil cosas. Pasamos la noche más o menos igual. O salía yo un rato o entraba ella, hasta que al final hubo que ir a dormir y vino a despedirse. Soltó una frase en tono de broma para aligerar el momento. Yo hubiera hecho lo mismo. Me bloqueo cuando el nivel de intensidad sube demasiado. Creo que a ella le pasa igual, por otros motivos y con la diferencia de que ella es más expresiva físicamente. A mi no me salen las palabras ni otra cosa. Respondí que tenía pensado levantarme a las cinco de la mañana, hora a la que ella se iba. Le hizo ilusión mi intención y a mi me jodio un poco. Tuve la impresión de que no se había atrevido a pedirme que me despidiera de ella tan temprano, como si temiera molestarme o algo por el estilo. Pero bueno, tato de no mosquearme mucho con los efectos secundarios que yo solita provoco con mi forma de ser.
La despedida a la madrugada fue como deben ser todas las despedidas: rápida y leve. Entre mi sueño y el revuelo de maletas, no se percibió esa sensación de que falta algo por decir, como los días anteriores. No hubo tiempo. Esperé junto a la puerta a que entraran en el ascensor. S se fue contenta y sonriendo. Regresé a la cueva con tanta pena como con alivio. Habíamos aguantado muy bien el tirón. En el cenicero quedaba medio porro de la noche anterior. Me lo fumé y en media hora estaba dormida como un tronco.
Ayer hablé con ella por teléfono por primera vez. Con T habla constantemente y mi madre le da el coñazo todo lo que puede. En eso también nos parecemos. Podemos estar semanas sin dar noticias a la gente de casa. Hablando con ella vi claramente que su proceso es muy parecido al mío. Trata de disimular algo. Teme desbordarse. Y como yo soy igual... pues al final no hace falta decir nada. Pero por las cosas que me dice, su insistencia en que la vaya a ver y otros pequeños detalles, pienso que no es mi aprobación lo busca. Simplemente trata de hacerme llegar que mi puesto es el de siempre y que una parte de ella siente la misma pena que yo porque todo ha cambiado.
A T se la ha puesto un gesto nuevo en la cara. Sus ojos están un pelín caídos pero no ha dicho nada ni se ha quejado. La noche de la víspera S estuvo nerviosa, ansiosa, cosa normal ante los últimos preparativos para el viaje. Le pedí que me liara un porro. Yo me paso la vida pidiendo y mandando cosas a mis hermanas. No me hacen ni puto caso, pero bueno, yo insisto por si en una de esas las pillo con humor y me hacen, por ejemplo, un masaje en los pies. S vino a mi habitación, se lió el porro y le echó unas caladas. Me hubiera gustado que se quedase un rato más, pero estaba demasiado nerviosa y pendiente de mil cosas. Pasamos la noche más o menos igual. O salía yo un rato o entraba ella, hasta que al final hubo que ir a dormir y vino a despedirse. Soltó una frase en tono de broma para aligerar el momento. Yo hubiera hecho lo mismo. Me bloqueo cuando el nivel de intensidad sube demasiado. Creo que a ella le pasa igual, por otros motivos y con la diferencia de que ella es más expresiva físicamente. A mi no me salen las palabras ni otra cosa. Respondí que tenía pensado levantarme a las cinco de la mañana, hora a la que ella se iba. Le hizo ilusión mi intención y a mi me jodio un poco. Tuve la impresión de que no se había atrevido a pedirme que me despidiera de ella tan temprano, como si temiera molestarme o algo por el estilo. Pero bueno, tato de no mosquearme mucho con los efectos secundarios que yo solita provoco con mi forma de ser.
La despedida a la madrugada fue como deben ser todas las despedidas: rápida y leve. Entre mi sueño y el revuelo de maletas, no se percibió esa sensación de que falta algo por decir, como los días anteriores. No hubo tiempo. Esperé junto a la puerta a que entraran en el ascensor. S se fue contenta y sonriendo. Regresé a la cueva con tanta pena como con alivio. Habíamos aguantado muy bien el tirón. En el cenicero quedaba medio porro de la noche anterior. Me lo fumé y en media hora estaba dormida como un tronco.
Ayer hablé con ella por teléfono por primera vez. Con T habla constantemente y mi madre le da el coñazo todo lo que puede. En eso también nos parecemos. Podemos estar semanas sin dar noticias a la gente de casa. Hablando con ella vi claramente que su proceso es muy parecido al mío. Trata de disimular algo. Teme desbordarse. Y como yo soy igual... pues al final no hace falta decir nada. Pero por las cosas que me dice, su insistencia en que la vaya a ver y otros pequeños detalles, pienso que no es mi aprobación lo busca. Simplemente trata de hacerme llegar que mi puesto es el de siempre y que una parte de ella siente la misma pena que yo porque todo ha cambiado.
2 comentarios:
lindo relato.
:)
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