domingo, 15 de noviembre de 2009

El sábado

Este sábado fue un día fuerte en Suecia. Estaba previsto. Los estudios de mercado y esas cosas, a mi simplemente no me da la imaginación para entender como carajo se apañan, para saber cuando un día sera de máxima afluencia. No hay ninguna fiesta y el mes de noviembre es malo por definición. Pero aciertan y vaya que si hubo movimiento. Estaba yo currando a lo mío y me quedé sin gente. Aproveché para tomarme un buen trago de agua y le dije a los de la cola de la caja de al lado que pasasen por la mía que estaba libre. Era una pareja joven. Unos treinta años. El chico era bastante atractivo y me sonrío demasiado. Me extrañó. Ella era un poco borde. Yo escaneaba sus cosas y les echaba el rollo habitual de las bolsas sin hacerles mucho caso. Hasta que algo me llamó la atención y fue la voz de él. Entonces tuve un flash y una iluminación. Mi cerebro en un segundo ató todo y le pregunté: tú eres Fa, ¿verdad? A lo cual respondió que sí y de ahí su sonrisa tan abierta. Me había reconocido antes que yo a él y pensó que yo había hecho lo mismo. El trato frío de cajera debío interpretarlo como que me estaba haciendo la loca.

Fa apareció en mi colegio cuando yo iba Séptimo. Entre los 12 y 13 años. Iba a la clase de al lado pero su presencia no pasó inadvertida. Hay como leyes estúpidas y universales, que en este caso dictan, que cuando llega al colegio alguien nuevo, se convierte en objetivo de atención y alcanza un rango que no merece. En este caso de chico guapo. Por esa razón yo le detestaba. Es lo mismo que esa mitología que persigue al argento, que por ser argento y tener ese acento todas debemos rendirnos a sus pies. Como veis, lo dioses me han castigado por este acto y ya hace más de un años que me tuve que tragar mis principios a este respecto. También suele pasar con los Djs de discoteca. O los monitores de gimnasio. Hay miles de ejemplos de estulticia de este tipo. Bueno, la cosa es que la legión de fans de este chico a mis ojos no era merecida. No era guapo, solo era la novedad. Cierto que junto a él llegaron sus hermanos. Cinco nada más y nada menos. Todos además se parecián muchísimo físicamente, y hay que reconocer que eran monos, a mí me gustaba su hermano mayor, pero él era el garbanzo negro porque no se parecía en nada al resto. También jugaban bien al fútbol.

Pero todo cambió el verano de Octavo. O quizás fue la primavera. O fue durante el curso. No sé. Me he exprimido el cerebro y soy incapaz de recordar nada con precisión. La cosa fue, que de alguna manera, Fa era muy amigo de dos chicos de mi clase que eran inseparables: Sv y el Rubio, y por esa razón entramos en contacto ese curso. Yo antes era todo lo contrario que ahora, y como buena adolescente, trataba de estar el mayor tiempo posible fuera de mi casa. Mi madre trabajaba y eso me daba cierta libertad, así que me pasaba las tardes en vez de estudiando, perdiendo el tiempo en el patio del colegio después de las clases. Además ese año yo formaba parte del equipo de baloncesto y el entrenamiento fue la excusa. Coincidíamos a diario en el patio del colegio, incluidos los fines de semana y así fue como empezamos a hacernos amigos. Mi primer amigo del sexo contrario. El entendimiento entre nosotros fue instantáneo y fluido. Por supuesto que yo lo confundí todo y creo que él iba camino de hacer lo mismo. Era un tío muy majo. Me gustaba su forma de ser porque era distinto. No sé exactamente en que sentido lo percibía distinto. Supongo porque a esas edades lo roles macho y hembra están muy determinados y él parecía ignorarlos. También me llamaba mucho la atención su lenguaje corporal. Es una persona peculiar en sus gestos y su forma de hablar. No era guapo. Blanco de piel y con un tono de pelo rubiaco-rojizo. Muy crespo y rizoso. La piel la tenía muy seca y se le marcaban mucho las arrugas de expresión. Parecía mayor. Y tiene los ojos más flipantes que yo he visto en mi vida. Un color de ojos que a bote pronto dices que es azul. Azul sólido. Pero según la luz le tira a un verde descolorido. Ese tono setentero de verde, de algo puesto mucho tiempo al sol. Para completar la rareza, su iris tenía como pintas pequeñísimas y desperdigadas pardas y naranjas. Unos ojos rarísimos pero increibles.

Me cuesta mucho recordar detalles pero me viene una cosa a la cabeza. Viviamos en la misma calle en extremos opuestos, así que para ir a casa, la suya quedaba de camino a la mía. Recuerdo los nervios al quedarnos solos. Perder esa naturalidad y confianza que tenía cuando minutos antes estábamos acompañados de más gente. La timidez y la lucha, por alargar los minutos a solas al despedirnos y las ganas de escapar corriendo hacía mi casa. La frustración por no ser capaz de conseguirlo o la alegría cuando lo lograba.

El Fa que me encontré ayer, físicamente, no tiene nada que ver. Joder, hacía más de veinte años que no nos veíamos. Será al menos quince centímetros más alto y ha mejorado, vaya si ha mejorado. Aparenta diez años menos que yo. Ha domado sus rizos a base de gomina. Lleva el pelo repeinadisimo y relamido. Demasiado para mi gusto. Su piel está hidratada. Para mí que se echa cremas. Además recién había llegado de vacaciones y estaba moreno. Llama la atención aunque su look no es mi tipo. Me recuerda a los niños bien californinanos de una pelicula yanqui de los sesenta. Siempre ha tenido un punto retro. Fue tan majo como recordaba y fue una pena no haber coincidido en otro sitio que no fuera mi trabajo. Seguro que hubieramos hechado un rato largo poniéndonos al día. Se nota que la vida le va bien. Me dijo en la zona donde vivía. Es una zona bastante pija. Me di cuenta que se arrepintió de darme ese dato por si yo podía interpretarlo como que me estaba presumiendo o hacerme sentir incómoda al responderle que yo vivo en una zona proletaria. Sé de sobra que no lo hizo con esa intención. Lo mismo que al decirle que estoy soltera no se quedó sin palabras o dijo la típica frase hecha de consuelo que por lo general recibo. Fue todo corto y acelerado, pero tan natural y fluido, como si no hubieran pasado veinte años. Me gustó mucho volver a verle y reconocer en él al Fa que recordaba. No me cabe duda de que sigue siendo un tío de puta madre.

Y ya para rematar, habría pasado una hora y por mi caja pasó Sv. Otro que hacía milenios al que había perdido el rastro. Este era el niño mono de la clase pero nunca tuvimos demasiada relación. Le reconocí al ver su carnet de identidad. No tiene casi pelo y ha engordado. Pero no está mal. Le comenté que había pasado por mi caja también Fa y él también hacía mucho que no le veía. Su amistad con el Rubio se mantiene y llevan diez años trabajando juntos en una empresa que ambos crearon. Me gustó mucho enterarme que la amistad del colegio entre estos dos aún sigue viva.

Debo reconocer que a pesar de que cada día soy más atea, y que además, me esfuerzo en serlo, el detalle de encontrarme a estos dos después de tantos años, en el mismo día y que además es el de mi cumpleaños, me hace pensar que es una puta señal de algo. No sé de qué, pero coño, vaya con las coincidencias.




4 comentarios:

Kco dijo...

no me voy a despachar con alguna cangrejada porque no quiero ser previsible, pero me gustó mucho el relato.

y no paré de reírme con "Para mí que se echa cremas."

Eilonwy dijo...

Ah, un regalo cósmico ^.^

Iconoclastia dijo...

Hermosa anécdota bicha, en verdad que una cosa que te admiro para narrar las cosas es que todo lo haces ver extraordinario.

Besos

Anónimo dijo...

Adna, las señales también empiezan a aparecer ante mí. Espero con ansias el día q me pilles, porque tengo que contarte sobre ciertos hechos acaecidos con el señor Brando, lo recuerdas?

Por cierto, se me ha metido bajo la piel la rara afición por tirarme a la cama y hacerme sordo a las señales: a veces reclaman tanta atención para q resulten ser poca cosa.
O como lo diría en mi jerga latinoameericana: tanto pedo pa cagar aguado

Atrocity