Fue un hombre bueno que vivió y murió en coherencia con sus ideales marxistas
Esa frase es la que aparecía en la esquela del padre de mi padre. No sé cómo se llamará en otras latitudes a las esquelas. Una esquela es la reseña que se publica en los periodicos cuando alguien muere. Obituario creo que también es sinónimo. También en vez de la cruz de rigor aparecía una hoz y un martillo. Me gustó mucho su esquela. Me gustó ese detalle de fidelidad a la ideología que rigió su existencia. Pues eso, el padre de mi padre se murió hace dos sábados. Se me había olvidado escribir al respecto.
Algo ya habia comentado alguna vez. Este hombre llevaba más de un año queriendo morirse. Tenía 93 años y hasta los últimos tres, vivió de forma completamente autónoma, lúcida e independiente. Estaba ingresado en una residencia de ancianos desde que se quedó viudo. Es un centro regentado por monjas y él estaba encantado. No por las monjas. Se tomó la estancia en la residencia como quien vive en un hotel. Se levantaba, desayunaba, se largaba a leer la prensa a una cafetería, daba paseos, iba a los plenos públicos del ayuntamiento si los había o se colaba en algún juzgado con vista abierta. Vivía en un pueblo y era conocido, así que se pasaba el día charlando con todo aquel que se dejase quemar la oreja. Su tema favorito era la Guerra Civil. A la residencia iba a comer y dormir. Nada más. No tenía ninguna enfermedad salvo los achaques inevitables de la edad. Hace dos veranos más o menos se atrangantó con algo. Quedó sin respiración unos segundos y perdió el conocimiento. Le llevaron al hospital y lo médicos dijeron que por su edad este suceso tendría consecuencias porque su organismo estaba viejo. Y fue cierto. No se recuperó jamás y entró en un estado inactivo que le dejó medio postrado. Yo le visité en el hospital aquella vez. Fue la última que le vi. Decía claramente que se quería morir. Era consciente de su propia falta de fuerzas. Sin dramatismos ni exageraciones. Había asumido que ya había llegado su hora. O más bien que se acercaba, que ha tardado dos años en morirse.
A partir de ese verano cada vez dormía más. Dejó de salir de su habitación. No tenía fuerzas ni siquiera para sentarse en una silla. Poco a poco fue dejando de hablar y perdiendo la orientación, aunque nunca terminó de perder el norte del todo. Hace un par de semanas tuvieron que ingresarlo en un hospital y ya no recuperó la consciencia.
No fui al funeral. Bueno, es que no hubo funeral. Por expreso deseo del "finado" (adoro ese palabro) no se admitieron flores ni por supuesto hubo cabida para un ritual de enterramiento cristiano. Si hubo velatorio al que no pude asistir porque fui a trabajar y no llegué a tiempo. Conste que yo quería ir. El domingo lo incineraron a las 8 de la mañana. Menudo madrugón. Solo asistieron sus hijos. Nadie más estaba invitado.
Qué cosas. De este hombre apenas sé nada. Todo lo que he hablado con él no creo que sume ni media hora de conversación. Pero hay un algo que hace que me identifique con él. Será que nacimos en noviembre o igual es el asombroso parecido físico. Sé que he heredado unos cuantos genes suyos. Esos genes que hacen que ambos compartamos calificativos como "egoístas", "raros" y "coherentes". Aparte de que yo siempre he planeado mi funeral de una manera muy similar al que ha sido el suyo. Yo también odio la flores en los entierros.
Ahora solo me queda buscar una frase que me mole.
Algo ya habia comentado alguna vez. Este hombre llevaba más de un año queriendo morirse. Tenía 93 años y hasta los últimos tres, vivió de forma completamente autónoma, lúcida e independiente. Estaba ingresado en una residencia de ancianos desde que se quedó viudo. Es un centro regentado por monjas y él estaba encantado. No por las monjas. Se tomó la estancia en la residencia como quien vive en un hotel. Se levantaba, desayunaba, se largaba a leer la prensa a una cafetería, daba paseos, iba a los plenos públicos del ayuntamiento si los había o se colaba en algún juzgado con vista abierta. Vivía en un pueblo y era conocido, así que se pasaba el día charlando con todo aquel que se dejase quemar la oreja. Su tema favorito era la Guerra Civil. A la residencia iba a comer y dormir. Nada más. No tenía ninguna enfermedad salvo los achaques inevitables de la edad. Hace dos veranos más o menos se atrangantó con algo. Quedó sin respiración unos segundos y perdió el conocimiento. Le llevaron al hospital y lo médicos dijeron que por su edad este suceso tendría consecuencias porque su organismo estaba viejo. Y fue cierto. No se recuperó jamás y entró en un estado inactivo que le dejó medio postrado. Yo le visité en el hospital aquella vez. Fue la última que le vi. Decía claramente que se quería morir. Era consciente de su propia falta de fuerzas. Sin dramatismos ni exageraciones. Había asumido que ya había llegado su hora. O más bien que se acercaba, que ha tardado dos años en morirse.
A partir de ese verano cada vez dormía más. Dejó de salir de su habitación. No tenía fuerzas ni siquiera para sentarse en una silla. Poco a poco fue dejando de hablar y perdiendo la orientación, aunque nunca terminó de perder el norte del todo. Hace un par de semanas tuvieron que ingresarlo en un hospital y ya no recuperó la consciencia.
No fui al funeral. Bueno, es que no hubo funeral. Por expreso deseo del "finado" (adoro ese palabro) no se admitieron flores ni por supuesto hubo cabida para un ritual de enterramiento cristiano. Si hubo velatorio al que no pude asistir porque fui a trabajar y no llegué a tiempo. Conste que yo quería ir. El domingo lo incineraron a las 8 de la mañana. Menudo madrugón. Solo asistieron sus hijos. Nadie más estaba invitado.
Qué cosas. De este hombre apenas sé nada. Todo lo que he hablado con él no creo que sume ni media hora de conversación. Pero hay un algo que hace que me identifique con él. Será que nacimos en noviembre o igual es el asombroso parecido físico. Sé que he heredado unos cuantos genes suyos. Esos genes que hacen que ambos compartamos calificativos como "egoístas", "raros" y "coherentes". Aparte de que yo siempre he planeado mi funeral de una manera muy similar al que ha sido el suyo. Yo también odio la flores en los entierros.
Ahora solo me queda buscar una frase que me mole.
6 comentarios:
Lo siento muchisimo.
Es la mejor esquela que he leido nunca. Ojalá pudieramos presumir al final de nuestra vida de semejante entereza de caracter!
Un saludo
L
Ya lo decían unos argentos "Las tumbas son para los muertos, las flores para sentirse bien"... y bueno, no sé de que manera, ya que nunca he regalado flores y si recibí una, la dejé olvidada hasta que se secó, como mi relación con esa persona.
Tu historia me ha encantado... es totalmente increíble como tu vida se va en declive por algún suceso aparentemente trivial; o es irónico como el suceso viene cuando quieres morirte, no sé.
Lee "Ella y Él" que te he enviado al fin emilio.
Atrocity
Me hubiera encantado conocer a tu abuelo. Se ve que era un tío cojonudísimo.
Ic
"Vivió digna y emputadamente jodida pero contenta, crítica del mundo y alfarera de la palabra, cibernauta de profesión, filósofa de vocación, durante 99 años"
Mi sama su obituario y prontuario, si el abuelo vivió 93, usted mínimo tiene que llegar a los 99
Uy mi Sama, no me veo yo con tanta paciencia pa vivir casi 100 años. Pero la frase me ha gustao mucho. En un rato me la pongo.
Sk
Atroz, recién estoy llegando de unos días de asueto. El Gato ha venido de visita y no he leído nada. Ya te contaré.
Sk
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