viernes, 25 de abril de 2014


Lunes por la mañana. Acompaño a mi padre a hacerse una placa a Radiología. Hay dos mujeres. Una veinteañera y otra de cincuenta y muchos. Muy amables las dos. Desvestimos y movemos a mi padre para la radiografía.  Cuando está listo la más vieja me indica que tenemos que ponernos a cubierto por la cosa esa de los rayos x. Detrás hay un resguardo donde están las teclas pertinentes para sacar la placa. Vamos hacía allí. Yo voy vestida con unos vaqueros y una casaca medio amplia. La más vieja se gira, me mira, sus ojos se paran en la zona abdominal de mi cuerpo humano y me dice la muy perra: "Oye, ¿no estarás embarazada, no?"

La vieja, que es mujera como yo, o quizás la cara que le puse le dió una pista, se da cuen al instante de lo que ha dicho y lo intenta arreglar. La joven se parte de la risa. Yo respondo que no, que aunque tengo sitio de sobra, no hay de que preocuparse. 

Hoy por la tarde. Mi hermana T ha tenido una prueba de su vestido de novia. Yo aún no he comprado el mío. No encuentro nada que me guste. Encima la moda va en mi contra. Pero veo un par de cosas monas en una tienda. Es una tienda super pija. La chica me atiende con acento super pijo. Es una chica muy agradable. Le digo que hay tres vestidos que me quiero probar. Dudo por las tallas. La ropita es muy mona pero las tallas raquíticas. La chica, cumpliendo su deber, me anima que me pruebe. Lo hago. Los dos primeros me quedan pequeños pero entro. El tercero es un vestido en disminución y flojo. Así como vaporoso. Solo tiene un tirante y lleva una especie de capa que cuelga de la espalda. Me lo intento poner y me cuesta. Con mucho esfuerzo meto el brazo por el tirante y me doy cuenta, que no soy capaz de meter el otro brazo que me queda.  Con mucho trabajo lo consigo con el brazo que falta. El vestido tiene forro. Con el trajín de meter los brazos,  el forro ha quedado todo retorcido alrededor de mi cuerpo y ha atrapado también parte del vestido y la capa esa de los cojones. No sabía si me lo había puesto bien. De lo enrollado que estaba no era capaz de distinguir si la espalda del vestido estaba en su sitio o estaba al revés.  Me lo intento bajar y que el puto forro se atasca por debajo de mis tetas. Ni pa'rriba ni pa'bajo. La tienda es pequeña y solo hay dos probadores. Empieza a entrar gente y la tienda se llena de pijas.  Mi madre viene a socorrerme. Tira del vestido y no hay manera. Nos da la risa. Mi madre llora de la risa. La que se estaba probando a mi lado también se reía. Nos podíamos ver por un resquicio de la cortina que dividía el probador. Yo me río y me veo gastando trescientos euros en un vestido que no me sirve pero que me lo tengo que llevar puesto porque no me lo puedo quitar. Al final, no sé como, logro quitarme la puta mierda de vestido, que encima, era el que menos me gustaba. Me lo probé solo porque era negro. 

Porca miseria. 




1 comentario:

Kco dijo...

jejeje

cómo me hacés cagar de risa